My name's Francesca Woodman.

(publicado en soitu.es el día 06-10-2009)

Francesca Woodman. Autorretrato sin retoques. Exposición individual: Francesca Woodman. La Fábrica Galería. Calle Alameda, 9. MADRID. Hasta el 30 de Octubre de 2009.

Francesca Woodman, “Untitled, Rome, Italy, 1977-1978”, 1977-1978, Silver Gelatin Print, Courtesy: La Fábrica Galería, George and Betty Woodman.

Éste parece ser un año de gran promoción y reflexión, tanto en España como en el resto de Europa, sobre la vida y la obra de la fotógrafa norteamericana Francesca Woodman (Denver, 1958-New York, 1981). En los meses pasados el Espacio AV de Murcia le dedicó una importante retrospectiva, mientras que la Ingleby Gallery de Edimburgo presentó una selección de 27 obras anteriormente poseídas por el ex novio de la artista. En estos días una serie de fotografías se hallan expuestas en la colectiva Camuflajes en La Casa Encendida de Madrid. Hasta el 14 de noviembre podemos encontrar obras suyas en Artists Rooms de la Scottish National Gallery of Modern Art y, hasta el 10 de enero de 2010, 114 obras (algunas inéditas) se exponen en la muestra Francesca Woodman del Museo di Santa Maria della Scala en Siena (Italia).

Con esta personal – la primera dedicada a Woodman en un espacio privado español – La Fábrica Galería de Madrid (en colaboración con el Estate of Francesca Woodman y la galería Marian Goodman de New York) presenta al público 15 fotografías en blanco y negro, de pequeño formato cuadrado, realizadas entre 1975 y 1980. Asimismo proyecta “Selected Video Works 1975-1978”, un interesante videodocumental de performance y rodajes de sesiones fotográficas recopiladas por George y Betty Woodman, padres de la fotógrafa (DVD, 1978, 11:43). El lustro 1975-1980 representa sin duda el periodo más significativo tanto de la formación artística como de la intensa producción creativa de Woodman. En aquellos años, algo más que adolescente, la artista se interesó al Surrealismo y admiró el trabajo de fotógrafos como Man Ray, Duane Michals y Weegee. Gracias a una beca de la Rhode Island School of Design, entre 1977 y 1978 vivió en Roma, donde profundizó su aprendizaje descubriendo el Futurismo y entrando en contacto con el grupo de artistas italianos de la Transavanguardia. En 1978 participó en dos colectivas en la capital italiana (Group Show, en la Rhode Island School of Design Gallery, en Palazzo Cenci y Cinque Giovani Artisti, en la galería Ugo Ferranti). En 1979 volvió a Estados Unidos y hasta su último día vivió en New York. Allá, inspirada por el trabajo de Deborah Tuberville, se dedicó entre otras cosas a la fotografía de moda, que interpretó siempre en clave muy personal y autobiográfica.

A pesar de su vida demasiado breve, Francesca Woodman fue una fotógrafa muy prolífica y, gracias también a un estimulante entorno familiar de artistas, pudo dar prueba plenamente, desde muy joven, de su gran intensidad emotiva y de su descomunal madurez técnica. Realizó centenares de tomas y muchos minutos de grabación videográfica, que le permitieron convertirse en una de las fotógrafas más interesantes de la segunda mitad del siglo XX. En toda su obra el extraordinario cuidado estético siempre se encuentra unido a un incansable afán de evocación poética y simbólica, tendiente a explorar su inquietud sobre si misma y sobre su personal relación con el mundo. El tema recurrente de sus fotografías, el autorretrato, está casi siempre centrado en la fisicidad estatuaria del cuerpo, dejando a un lado aspectos como, por ejemplo, la descripción analítica del rostro. El autorretrato se configura casi siempre como un pretexto para expresar una identidad consciente de su precariedad inexhorable y ansiosa de transmitir su experiencia de la soledad. Una soledad íntima y absoluta, a mitad del camino entre lo heroico y lo desesperado.

Como muy bien se puede apreciar en esta exposición, en las imágenes de Woodman la rigurosa composición de los cuadros fotográficos está casi siempre enmarcada dentro de un espacio escenográfico, en el que tanto la iluminación como la combinación de los objetos con el cuerpo no dejan prácticamente nada a la casualidad. La figura humana aparece como sutilmente evocada en forma de ságoma fantasmática y huidiza. Muchas veces reconocemos apenas un cuerpo que interactua física y metáforicamente con la arquitectura o con otros elementos del contexto. Se trata de verdadera mímesis, que a veces se convierte en disolución de las formas originarias. Ordenadas dentro de un magna onírico, de clara inspiración surrealista, a menudo vemos las formas corporales confundirse con las cosas; con las paredes; con el espacio y con el tiempo. Tal vez expresando un deseo de fusión con la inmensidad inaprensible del universo…

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