La hibridación participativa de Rafael Lozano-Hemmer

VIGILANCIAS MATERIALIZADAS: Exposición personal de Rafael Lozano-Hemmer. Galeria Max Estrella. C/ Santo Tomé, 6 (patio). Madrid. Hasta el 24 de julio de 2010.

  

RAFAEL LOZANO-HEMMER, BASADO EN HECHOS REALES, 2005. Video. Courtesy of: Galeria Max Estrella. Madrid. 2010.
 

En 1931 el filósofo británico Bertrand Russell publicó la magnifica obra The Scientific Outlook, en la que analizaba, con insuperable claridad, el tema de los cambios sociales relacionados con la introducción de las innovaciones científicas y tecnológicas en la época contemporánea. En dicho libro Russell evidenciaba muchos de los riesgos ínsitos en un crecimiento descontrolado y obtuso de la visón científica del mundo y especialmente del desarrollo tecnológico. En este sentido, Russell adelantó gran parte de las cuestiones sociopolíticas y culturales más caracteristicas del Siglo XX, muchas de las cuales siguien siendo hoy en día de gran actualidad. Entre ellas: el poder persuasivo de los medios de comunicación de masas; los efectos de la propaganda política y del código comunicativo propio de la publicidad comercial; la vigilancia y la manipulación de la vida privada de los ciudadanos por parte de esa entidad pública que él llamó «Estado Científico» (una suerte de Gran Hermano orwelliano ante litteram) y el peligro de tiranía que ello conlleva; la deshumanización de los individuos; la estandarización de sus existencias etc.

Muchas de las conclusiones de Russell fueron desarolladas, en los años siguientes, por una gran parte de la literatura tanto científica como de ficción. De ellas procedieron varias sugestiones para novelas magistrales como, por ejemplo, Brave New World de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell o Neuromance de William Gibson, para citar sólo algunas.

En 1976, Steve Jobs y Stephen Wozniak fundaron en California la compañía Apple, que, en el mismo año, produjo el primer personal computer de la Historia. En 1981 IBM colocó su primer PC en el mercado, y a partir de entonces esta máquina revolucionaria se ha difundido progresivamente por todo el mundo. A comienzos de los años noventa nació el World Wide Web, y en la década siguiente Internet empezó a arrastrarnos fuera del Siglo XX.

Como bien se sabe, el formidable potencial de transformación introducido en las sociedades occidentales por la progresiva e imparable difusión de las nuevas herramientas tecnológicas fue estudiado, a partir de los años sesenta, por el “técno-entusiasta” Marshal McLuhan, quien con su célebre libro Understandig Media (1964) protagonizó de facto una verdadera revolución estética. A partir de las reflexiones de McLuhan, esto es, cualquier problema de la forma estética ya no se puede considerar sin contemplar su relación – más o menos explícita, más o menos profunda – con los media; con las tecnologías de almacenamiento y procesamiento de la información; con las herramientas de vigilancia y control social.

Hoy en día resulta cada vez más evidente como esta relación entre la estética, los medios de comunicación y la tecnología esté fundada sobre una tendencia estructural a la hibridación entre los instrumentos y las técnicas; las categorías y las disciplinas; las formas del conocimiento y de la acción. De hecho, tanto los medios de comunicación como las áreas culturales y simbólicas tienden a interactuar, chocar y generar efectos a veces previstos, otras veces absolutamente imprevisibles; exhibiendo una dinámica infinitamente más rápida y sorprendente que las formas estéticas tradicionales. Se puede afirmar sin lugar a dudas que la hibridación constituye la dimensión estética más relevante – junto con la participación – de estos comienzos del Siglo XXI, un siglo que (en realidad y por innumerables razones) podemos considerar como comenzado efectivamente sólo a partir de la fecha simbólica del 11 de Septiembre de 2001.

La relación estrecha y profunda que existe hoy en día entre la estética, la ciencia, los medios de comunicación, la tecnología y la vida cotidiana representa una de las grandes áreas características de la experimentación y de la expresión del arte contemporáneo actual. Y es justamente en esta área creativa que un artista “electrónico” extraordinario como Rafael Lozano-Hemmer (Ciudad del México, 1967) lleva años desarrollando una labor, híbrida y compleja, de enorme relieve.

RAFAEL LOZANO-HEMMER, REFERENCE FLOW, 2009, Sign EXIT, engines, system of computer monitoring and conductive rings. Courtesy of: Galeria Max Estrella. Madrid. 2010.

Lozano-Hemmer es seguramente uno de los artistas más originales e interesantes del panorama internacional actual. En su trabajo se sirve de nuevas tecnologías e interfaces físicas personalizadas a fin de realizar esculturas cinéticas, instalaciones interactivas, tanto en interiores como en espacios públicos a gran escala, utilizando habitualmente la robótica, las proyecciones, los sonidos, las conexiones de internet, los software, los teléfonos móviles, los sensores, los display, la fotografía, los sistemas integrados de vigilancia audio y vídeo etc..

En el año 2005 Lozano-Hemmer expuso en el Centro de Arte Conde Duque de Madrid (en ocasión de la exposición Dataspace) la magnífica obra llamada Público Subtitulado. Se trata de una instalación interactiva, en la que los espectadores se mueven dentro de una ambientación muy especial, creada, como es habitual en la obra de Lozano-Hemmer, a través de un complejo sistema audiovisual, lumínico e informático. La instalación, el vídeo y la performance se mezclan aquí con el funcionamiento de los dispositivos electrónicos, originando una original fusión entre las disciplinas plásticas y las aplicaciones tecnológicas. La obra fue presentada en el mismo año también en la Sala de Arte Público Siqueiros de Ciudad del México. Asimismo se expuso en el Musée des Beaux Arts de Montréal (en la muestra E-art) en 2007, el mismo año en el que Lonzano-Hememr presentó su obra en el pabellón mexicano de la 52 Edición de la Biennale di Venezia. Público Subtitulado se pudo admirar también en la exposición The Fifth Floor en el TATE Liverpool en 2008.

En concreto la instalación consta de un espacio vacío y obscuro en el cual los espectadores, al entrar, se encuentran inesperadamente detectados por un sistema de vigilancia computerizado. Una vez detectados los sujetos, el sistema (compuesto por 4 ordenadores, 4 cámaras, 4 proyectores y 20 focos de rayos infrarrojos) proyecta sobre sus cuerpos inscripciones de verbos en lengua castellana conjugados en tercera persona. Los verbos (como, por ejemplo, “cata”, “se calla”, “estudia”, “se beneficia” etc.) están seleccionados de manera aleatoria por el software, que puede originar una proyección para cualquier verbo existente en este idioma. Los verbos proyectados representan una especie de etiquetas lumínicas que se pegan al cuerpo de los espectadores, siguiéndolos en todos sus movimientos. Son éstos los “subtítulos” a los que hace referencia el título de la obra. Las etiquetas se intercambian de un cuerpo a otro cuando las personas se tocan. Cada tres minutos el espacio de la instalación se ilumina por completo, desvelando la existencia del mecanismo de vigilancia que está a la base de la obra.

Esta pieza – inquietante y divertida a la vez – aborda el tema del control social por medio de los aparatos tecnológicos, evocando la intervención en los ámbitos personales y la arbitrariedad con la cual, a veces, se violan los espacios reales y simbólicos de la privacy. Llamando a la memoria (si bien de manera sólo implícita) todo un filón literario y cinematográfico que se ha dedicado a este tema, la obra de Lozano-Hemmer parece aquí referirse a la peligrosidad potencial de los sistemas de detención de sospechosos y de clasificación automática de los individuos. En este sentido, el artista mexicano consigue despertar, a través de una actitud más bien irónica que polémica, una reflexión inevitable sobre nuestros tiempos actuales: sobre la cada vez más reducida distancia que separa lo público de lo privado; sobre la deshumanización del sujeto individual, que – según el paradigma cultural y comercial del personal branding (típico de la sociedad del consumo) – querría reducir incluso las personas al estatuto ontológico de “marcas” de productos seriales y estandarizados (es decir, a mero brand). Pero también puede inducir a reflexiones de tipo especular sobre el fenómeno de la personalización de la tecnología que – como explica muy eficazmente el propio artista en su página web – actúa «marcando a todos los espectadores y convirtiéndoles en “individuos temáticos”».

Entre junio y octubre de 2008 la obra de Lozano-Hemmer pudo apreciarse otra vez en Madrid, en ocasión de la imponente exposición colectiva máquinas&almas. arte digital y nuevos medios que tuvo lugar en los locales del MNCARS. En aquella ocasión el artista presentó Micrófonos, Subestructura 10 (2008), compuesta por veinte micrófonos dispuestos por el espacio expositivo e iluminados cenitalmente por una luz spot de baja intensidad. En esta obra el spot se ilumina con mayor intensidad cuando el espectador se acerca al micrófono y habla. En realidad, el micrófono, en vez de amplificar su voz, la graba y, al mismo tiempo, reproduce la voz grabada de un espectador anterior. La mitad de las veces el micrófono reproduce una grabación aleatoria, seleccionada entre todas aquellas almacenadas precedentemente por un sistema integrado de ordenadores escondidos. La otra mitad de las veces se reproduce la grabación de la voz del espectador inmediatamente anterior, de tal manera que se genera un doble efecto de sorpresa. La voz que se oye, entonces, no es más que un fragmento de memoria de algo que se ha dicho en el pasado. A su vez, lo que el espectador acaba de decir sólo se podrá oír en el futuro; esto es, o bien cuando otro espectador, acercándose al micrófono, activará el sistema y dejará grabada su propia voz para el siguiente performer, o bien en un posible, eventual, otro momento futuro si es que su voz resultará seleccionada por el criterio aleatorio del sistema.

RAFAEL LOZANO-HEMMER, BASADO EN HECHOS REALES (IBERO), 2005, C-Print Diasec, 100 x 120 cm. Courtesy of: Galeria Max Estrella. Madrid. 2010. 

 

La participación de los miembros del público representa evidentemente una dimensión esencial de ésta como de gran parte de las obras de Lozano-Hemmer. De hecho, como ya se ha puesto en evidencia hablando de Micrófonos, Subestructura 10, la actuación del espectador es un elemento fundamental para el cumplimento de la obra, al igual que los efectos de luz; la grabación; la transmisión amplificada del sonido; los sistemas computerizados integrados; la disposición del espacio expositivo; la compleja articulación escénica y el imponente impacto multisensorial que ésta genera. En este sentido, la presencia física del espectador, su movimiento, su comportamiento y su voz – es decir la aportación biológica y psicológica al entorno tecnológico de la instalación – implican que la obra se “anime”. Esto es, implican que su forma se “desvele” apertamente, dejando emerger toda la profunda complejidad – estética y técnica, material y conceptual – del “sistema artístico” creado por Lozano-Hemmer. A este propósito, en el catálogo de la exposición se escribe: «Micrófonos es una instalación de auto-representación, donde el contenido de la obra está totalmente dictado por la participación del público».

La actual exposición madrileña de lozano-Hemmer presentada ahora por la galería Max Estrella constituye una oportunidad muy recomendable para interactuar en primera persona con algunas obras recientes del artista mexicano. En concreto, se trata de cinco instalaciones y una serie de fotografías en blanco y negro. Dos de las instalaciones – Puntos cardinales (2010) e Índice de corazonada (2010) – se estrenan justo en esta ocasión.

En la muestra se puede apreciar perfectamente la dialéctica entre lo humano y lo tecnológico que caracteriza la obra de Lozano-Hemmer, a partir de una crítica sutil de aquellas situaciones de la vida cotidiana en las que nuestros movimientos se encuentran limitados por los sistemas de vigilancia computerizados, por los sensores u otros aparatos de control “inteligentes”. La dimensión participativa de estas obras – que en ocasiones se convierte también en lúdica, como acontece por ejemplo en el caso de Compañía de los colores (2009) – obliga el espectador a relacionarse con las máquinas a través de movimientos condicionados. De hecho, mediante la plasmación del comportamiento del espectador y de su forma de relacionarse con el espacio, se materializa el deseo del artista de convertir en forma observable la acción de la vigilancia computerizada.

A este propósito, cabe mencionar dos obras expuestas que, tal vez mejor que otras, consiguen expresar la intención estética del artista, divirtiendo, emocionando y despertando a la vez reflexiones críticas: Flujo de referencia (2009) y Puntos Cardinales (2010). La primera consta de una instalación – tan esencial en su concepción como pura en su realización – en el que una serie de letreros robotizados, con una flecha luminosa y la palabra “Exit”, indican la salida de la sala hacia la izquierda. El movimiento del espectador está detectado por unos sensores que hacen rotar los letreros, de tal manera que la salida se encontrará siempre a mano izquierda, generando un efecto desorientador y suscitando la sensación ambigua de hallarse en un laberinto sin salida. En el caso de Puntos Cardinales también se trata de una instalación basada sobre una idea simple, pero muy poderosa, que se materializa en forma de máquina rotatoria, con un tinte entro lo lírico y el sutilmente humorístico. En esta obra un monitor de vigilancia empieza a rotar en cuanto detecta la presencia de una persona. Simultáneamente, aparecen en pantalla las letras de un fragmento de poema del poeta chileno Vicente Huidobro. Para entenderlo, el espectador está obligado a caminar en círculo alrededor del aparato hasta que no consigue leer la frase entera.

La obra más antigua que se expone en la muestra es Basado en hecho Reales (2005), en la que se combinan la fotografía, la instalación el vídeo y la performance. Es la primera obra que se encuentra acercándose a la galería, ya que está ubicada justo encima de la puerta de acceso, simulando la videocámara de vigilancia real de un banco o de otro edificio puesto bajo control. En su pequeña pantalla se pueden observar las acciones de algunos voluntarios grabadas por la cámara que el propio artista colocó en 2005 al lado de cámaras de seguridad de verdad de edificios y monumentos de Ciudad de México. De esta manera la cámara del artista consiguió simular lo que se veía desde las cámaras reales. En esa época fue realizada también la serie de fotografías en blanco y negro que se expone con el mismo título. Las fotos fueron disparadas justo pocos instantes antes que la cámara fuese desmantelada.

En conclusión, se trata de una exposición muy recomendable para experimentar en primera persona la obra de uno de los artistas más interesantes y relevantes del panorama internacional actual. 

 

“Frequency and Volume” – Rafael Lozano-Hemmer (Video by DigInfo, 2009)  
 

 
Solar Equation by Rafael Lozano-Hemmer (2010)

 

“TateShots Issue 5 – Rafael Lozano- Hemmer” (2008)

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