La encrucijada de Robert Johnson – por Miguel Calzada


LETRAS QUE SUENAN

 

¡Hola a tod@s!

Como prometido, el blog vuelve a abrir sus puertas…

Empezamos la nueva temporada con un magnífico cuento inédito de Miguel Calzada: “La encrucijada de Robert Johnson” (2010), que publicamos en la sección del blog LETRAS QUE SUENAN.

Espero que os guste como me ha gustado a mí. Que disfrutéis de lo que queda del verano y gracias por vuestros clicks,

Nicola

  

 

 

La encrucijada de Robert Johnson 

(por Miguel Calzada)

 

No quieras encontrarte en un cruce de caminos cuando la noche huele a sudor y pantano. Pisas el suelo más fértil del mundo y avanzas a saltos sobre los charcos que el Misisipi y el Yasoux han dejado a las afueras de las ciudades de nombres salvajes. Issaquena, Tallahatchie, Coahoma.

Robert Johnson  estaba en la mitad de su camino la madrugada en la que llegó al cruce de la highway 61 con la 49 . Entre campos de algodón,  con la luz de un farol iluminando al Diablo, que le esperaba en la encrucijada de su vida. Aquella noche El Maligno iba vestido de negro y tocaba una armónica hecha de huesos de muerto, cartílagos de muerto, suspiros de muerto. Continue reading

LA COLA DEL PARO – por Miguel Calzada


No hagáis caso a la tele, la cola del paro no es para tanto. Los que no la pisan a menudo exageran, trazan simbolismos que les sirven para contentarse con sus míseros trabajos de mierda. Nos tienen a nosotros, en la tele, con nuestros caretos de perdedores, para mentalizarse sobre lo que no quieren ser, sobre adonde no quieren llegar. Más te vale funcionar en la empresa o terminarás ahí, esperando tu turno.  

 

 

Hay que madrugar y uno suele estar tan dormido que el tiempo se escapa en narcosis, hojeando una revista de coches que nunca podrás comprar, escuchando en la radio a esos tertulianos que se embolsan diez mil, veinte mil, cincuenta mil al mes, sin exagerar. Con eso yo vivo uno, dos, cuatro años. ¿Cómo no voy a odiarles? Viven doce, veinticuatro, cuarenta y ocho veces mejor de lo que yo viviría si tuviera algo de todo lo que me prometen aquí, en la cola del paro, que no es para tanto porque el rato se pasa entretenido y me divierto imaginando lo idiotas que son todos los que hablan en mis cascos.

Peor es la cola del banco, tiesos como penitentes frente a la ventanilla, y la única manera de distraerse es fantasear con que venga alguien a reventar la caja fuerte, y unirse al golpe, dadme una parte y a cambio me encargo de los de las mesitas, que siempre están muy ocupados tocándose los huevos, esos de camisa y corbata, que les preguntas si pueden arreglarte un papeleo, mírame-lo-del-crédito-por-lo-que-más-quieras, y te miran de arriba abajo, te fichan y te dicen: “Estoy muy ocupado tocándome los huevos, póngase en la fila”. Y allí nos quedamos con nuestros caretos de perdedores, y la tele no va a venir a vernos a menos que a alguien se le ocurra reventar la caja fuerte y coger rehenes. Continue reading

El año del rey David – por Miguel Calzada


LETRAS QUE SUENAN

David Bowie-The rise and fall of Ziggy Stardust & the Spiders from Mars – Grabado en los Trident Studios (Londres), entre noviembre de 1971 y enero de 1972. Producido por David Bowie.

  1. Five years  –  2. Soul love 
  3. Moonage daydream 
  4. Starman –  5. It ain’t easy
  6. Lady Stardust –   7. Star 
  8. Hang on to yourself   
  9. Ziggy Stardust    10. Suffragette city    
 11. Rock and roll suicide  

 

Lou Reed-Transformer – Grabado en los Trident Studios (Londres) en agosto de 1972. Producido por David Bowie y Mick Ronson. 

   1. Vicious  –   2. Andy’s chest
   3. Perfect day
   4. Hangin’ round
   5. Walk on the wild side
   6. Make up –    7. Satellite of love
   8 . Wagon Wheel
   9. New York telephone conversation
   10.I’m so free –  11.  Goodnight ladies

 

EL AÑO DEL REY DAVID

(por Miguel Calzada)

 

El corazón de Joseph Romano palpitaba a 72 pulsaciones por minuto. Era un levantador de pesas habituado a cargar sobre sus espaldas más de 400 kilos. Era un judío de Libia que no hablaba hebreo. Lucía gruesas patillas y con sus compañeros del equipo olímpico usaba el inglés. Eran las cinco de la madrugada del 5 de septiembre de 1972 y el corazón de Joseph Romano palpitaba a 72 pulsaciones. Había ido a cenar y a emborracharse a un restaurante. Cuando llegó a la villa olímpica, los ocho terroristas de Septiembre Negro estaban entrando en el apartamento que compartía junto a otros 19 atletas israelíes. Romano, envalentonado por el alcohol y por los músculos de sus brazos, se lanzó sobre uno de los terroristas e intentó quitarle la metralleta. Pero el judío de Libia que podía levantar más de 400 kilos falló. Le pegaron un tiro en el pecho y su corazón dejó de palpitar para siempre.

-Quiero ser un ángel, quiero que me adoren, quiero ser una estrella del rock, lloriqueaba Lou.

-Grabaremos un disco que te cambiará la vida como tú me la cambiaste a mí, chico, le respondía el rey David.

-Quiero que tenga arreglos de cuerda.

-Y yo quiero que cantes como si estuvieras en Nueva York.

-Lo único que recuerdo de Nueva York es una noche en París.

-Lo sé.

El rey David había aterrizado en nuestro planeta en uno de los inviernos más fríos que se recuerdan. En Londres no había nieve, pero el frío estropeaba los amplificadores de los Trident Studios, en el Soho, donde los Beatles habían grabado Hey Jude. El rey David se manifestó a los creyentes a principios de ese verano, con un disco en el que se bautizaba como Ziggy Stardust. El Mesías se lo explicó claramente a su Juan Bautista particular: William Seward Burroughs, autor de Yonqui, Marica y El almuerzo desnudo:

-Mira William, quedan cinco años para el fin del mundo. Cinco años para que un agujero negro se abra sobre nuestras cabezas y deje paso al hombre de las estrellas. De eso va el disco. El hombre de las estrellas tendrá que matarme, pero nos salvará. Me matará a mí y nos salvará a todos. Soy un marciano, William, ¿no lo sabías?

 

Pero Burroughs lo sabía, claro que lo sabía. ¿Cómo no iba a saberlo? En 1951 estaba en México, en mitad de una fiesta desbocada, poseído por la flor del tequila, y había pedido a su mujer que se colocase un vaso de whisky sobre la cabeza para intentar acertarlo con la pistola. Dispararía desde lejos y, como Guillermo Tell, saldría triunfante. Pero un ángel siniestro sobrevoló la fiesta y Burroughs falló. Mató de un tiro en la cabeza a su propia mujer, ¿puedes creerlo?

-Eres un marciano, rey David, le dijo Will.

-Oh, sí que lo soy. Estuve en el mercado y los vi llorar. Y no tenía sitio en mi cabeza para todos. Me dolía la cabeza, Will, Bill, Old Bull Lee, como quiera que te llames, Seward, Alien, Exterminador de Cucarachas. Estuve en el mercado y el chico de los periódicos gritaba que nos quedaban cinco años. Cinco años, Bill. Y la vi en una heladería, ya sabes, bebiendo un batido. Estaba guapa y sorbía de la pajita sin saber que iba a estar en esta canciónContinue reading

Como una bola de cañón – por Miguel Calzada


Letras que suenan

Con el magnífico musicuento inédito Como una bola de cañón estrenamos la nueva sección del blog “LETRAS QUE SUENAN”, por Miguel Calzada.

En palabras de Miguel: «Los discos suenan en el altavoz, las letras en tu cabeza. Las notas son almas perdidas en busca de una historia. Las almas que leen y escuchan sólo quieren perderse».

Buena lectura…

 

Somethin’ Else; Grabado el 9 de marzo de 1958 en Hackensack (NJ).

  1. Autumn leaves (Joseph Kosma / Jacques Prevert)
  2. Love for sale (Cole Porter)
  3. Somethin’ else (Miles Davis)
  4. One for Daddy-O (Nat Adderley)
  5. Dancing in the dark (Arthur Schwartz / Howard Dietz)
  6. Bangoon – Alison’s uncle (Hank Jones)

 

Julian Cannonball Adderley: Saxo alto.

Miles Davis: Trompeta.

Art Blakey: Batería.

Hank Jones: Piano.

Sam Jones: Bajo.

Producido por Alfred Lion. Sonido: Rudy Van Gelder. Blue Note Records.

 

COMO UNA BOLA DE CAÑÓN

(Miguel Calzada)

El gordo Cannonball engullía el almuerzo sin saber si era día o noche, primavera o invierno, domingo o sábado. Bastaba con que su saxo siguiese afinado en mi bemol y con que Miles no perdiese la cabeza. El flaco Miles, el hijo del dentista, el genio de humor cambiante que fumaba en el baño mientras los chicos bromeaban.

Era de día, era invierno, era domingo y no volvería a repetirse. Aquel quinteto no grabaría ninguna otra sesión en el estudio de Prospect Avenue, en Hackensack, New Jersey. Pero el gordo Cannonball no lo sabía y se limitaba a engullir el almuerzo y vigilar la puerta del baño, vigilar al hijo del dentista.

Todos se conocían. Art Blakey era un heroinómano de callo curtido y temple a prueba de abstinencias. Estaba allí por ser íntimo del flaco Miles, porque acariciaba la batería como si fuese un ídolo pagano. Y porque había tocado con el enviado de Dios en la Tierra: Charlie Bird Parker. El gordo Cannonball se había traído a Sammy Jones, un amigo de la infancia, para que tocase el bajo. Y también a Hank Jones, hijo de reverendo baptista y pianista veterano. Eran cinco negros en un cuarto de estar de una casa de Hackensack, New Jersey, a 15 millas de Times Square.

Julian Adderley tenía 29 años y desde pequeño todos le llamaban Bala de Cañón, Cannonball. El chico comía demasiado, tenía unos carrillos hinchados y esféricos. Cannonball era lo que había quedado de Cannibal, su mote original. Era de Florida y llevaba tres años en Nueva York. Había sido director de orquesta en un instituto de Fort Lauderdale, la Venecia de AméricaContinue reading