Sociología del arte y arte sociológico.


Giacomo Balla, Dinamismo di un cane al guinzaglio, 1912. New York, The Museum of Modern Art (MoMA).

 

Se podría afirmar que, desde hace por lo menos un siglo y medio – esto es, a partir de las inquietudes estéticas realistas de mediados del siglo XIX – haya ido desarrollándose cierta dimensión implícitamente sociológica de las prácticas artísticas. Me refiero a aquella visión del arte como hecho consciente de interacción crítica y “deconstructora” con respecto a la realidad social; o – dicho de otra forma – como lugar material y simbólico dentro del cual desplegar un discurso público y expresar opciones concretas sobre las representaciones de la sociedad misma, sobre sus valores, significados y reglas poniendo en duda sus límites, presupuestos y convenciones. Cabe destacar, por ejemplo, la importancia que, a lo largo de las últimas décadas, se ha atribuido a temas artísticos de carácter social como la identidad, la otredad, la diferencia, el género, la etnia, la generación, la procedencia geográfica, las minorías, las subculturas etc.

Cuanto dicho resulta muy evidente si consideramos algunas formas concretas de arte emergente, como el street art: etiqueta que, en realidad, suena hoy en día bastante reductiva, ya que abarca manifestaciones artísticas muy distintas entre sí que han salido varias veces de la calle para ingresar en los lugares del mainstream del sistema del arte contemporáneo (museos, galerías, casas de subastas, manuales de historia del arte etc.). Es, éste, el caso, por ejemplo, de artistas como K. Haring, J.M. Basquiat, R. Pettibon, Banksy, Os Gêmeos etc. A propósito del arte callejero, Johannes Stahl habla de obras que surgen del deseo de ejercer un «derecho estético sobre el espacio público».[1] Continue reading